lunes, 26 de enero de 2009

Tertulia de un Infante


Empecé tirándome de un tobogán, seguí sobre la arena nadando de espalda y soplando hojas verdes humo. Ahí quede incrustado sobre la punta de aquel arenero rebasado de chicos, seguro yo era unos más de todos; desde atrás aparece mi perra Pía; me mira y vuelve a mirarme, ahí supe que era ella y que me estaba guiando para cualquier lado. Dándome cuenta de que yo era chico comencé a perseguirla con mis manos en el bolsillo del jardinero que mi mamá supo comprar (de jeans con unas líneas azules, creo, no me acuerdo bien).


El flequillo enloquecido por el viento no me dejaba verme, mi perra seguía caminando por el pasto recién cortado, la arena me empezó a molestar por la espalda. No quise perseguir más a Pía, así que cambie repentinamente de rumbo por un payaso rojo con zapatos violetas, él estaba lleno de chicos (minitas) y moviendo los brazos tan flexiblemente que retumbo en mi cabeza, así otravez supe que era chico, que por eso estaba sentado ahí con los demás enanos del jardín de infantes.


Si, recién me doy cuenta, estoy en una plaza, no estoy en la sala con las maestras de labios pintados color rojo extra-orgia; ese payaso esta buenísimo quiero uno para mi casa me dije.


Sentado como un chino apoye los codos sobre mis rodillas y me deje caer en la magia de aquellos payasos; solo unos 14 minutos de escena y se fueron fumando un pucho, otra vez las maestras masticando un biscocho y arruinándome el día más feliz de nuestras vidas, algunos escupían agua por los ojos, yo siempre haciendo caso a todo, me sacudo las manos de arena y junto mi balde azul con manija amarrilla.


Como me gusto cuando nos retiramos de aquella isla sobre un mar de ciudad, nos juntamos sobre las manos y se formo el trencito que siempre lleva a todos, nunca dejo a nadie; eso si era algo grande, me sentía como un vagón (alguien me llevaba y yo llevaba a alguien) cada uno era un vagón humano con decorados propios, y sobre la locomotora la maestra con su trasero más grande de todos.


El estomago me hacia ruido y mis piernas creo que ya no querían caminar, así fue que me lance al piso sin importar ensuciar el jeans limpio, esta en la manera donde soy cargado por unos brazos de casi mi altura, los cuales me envuelven para calmar mi soledad.


Por fin las masitas con una leche, por fin… todos sentados sin hablar masticando esas redondas masas con un punto rojo en le medio (membrillo). Yo primero le saco lo rojo y me como todo lo otro, a ese rojo lo miro muy firmemente con mis dedos para patearlo con mi zapatilla pampero.


Llego un momento en que sobre mi brazo sentí un apretón, a lo primero sonó como un apretón pero después se convirtió en dolor. De un manotazo saque los dientes de mi compañero (matías) que chupaba sus dedos después del crimen. Era incontenible mi llanto; solo quería volver a casa (mi consuelo).


Pase el marco y ella apareció (de su delantal me acuerdo bien), solo fueron señas de mi rostro y continuamente vasto con mostrarle el tatuaje que emprendía en mi brazo; yo sabia que ella tenia la solución a mi problema. Con un beso me olvide de todo, todo había desaparecido; salí disparado a jugar pasando nuevamente por el marco. Que contento estaba. Ahí tropecé y caí sobre las baldosas de la vecina, ho ..no!! creo que siento dolor en la rodilla.


Donde este ella? Y su beso?!

Donde esta ella? Y su beso?!

Donde esta ella? Y su beso?!

1 comentario:

Anónimo dijo...

fantasía infantil para volar
si si