Hoy hable con tu alma y sólo encontré un juguete que arranco desde raíz los pequeños deseos vivos por la muerte. Los miles de pasos que recorrían la belleza se perdían en cada vaso acalorado, mientras las sigilosas espinas se ramificaban por dentro de mis sesos. Las noches se convirtieron en mar y los días se fueron planeando con los años, las fresas ya no eran el valor, la desfloración de los sueños intercalaban boludeces insolubles y putisimas.
Por acá los dioses fuman petróleo violeta mientras los ángeles hermafroditas se onanizan sin perjuicios, las cartas caen sobre mi cara desfigurada por el tiempo. En el parque donde estoy la gente no existe, ni los días, ni los infinitos rayos del sol, pero hay millones de voces que alientan fuego, gritan y se besan dentro de mis oídos, perecen transparencias que dibujan la sangre púrpura cayendo de mis venas. Yo sigo apuñalando mi Tendón de Aquiles para intentar conocer ser el guerrero vencido, vencido por un filo de amor.
Lo púrpura se materializan en flor, la sangre en odio, los dioses ya están muertos y el parque prosigue con su condena al desamor.
Nunca te conocí, o eso creo saberlo.
Pero suelo verte en el espejo junto a mi juego.

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