Un leve zigzag de risita recorría nuestras bocas, era ese cuento que sólo escribimos ayer, ahí nos vimos, vos estabas allá y yo acá.
Busco consuelo mientras repentinamente frecuento mi ojo fijo en tu delicada esbeltez; desbrochando mí pecho y garganteando el alcohol siento algo que se desprende, es un suspiro, un suspiro estrangulado sobre mi panza.
Tu rodeada de flores y sonidos marcabas tu belleza mientras pitabas un cigarro, una pestaña se te cayó cuando me sentiste, sí solo una pestaña rodó por el aire fresco y lluvioso. Ahí repetimos el zigzag.
Sorprendido por la luz incandescente de tus recuerdos rompo el piso y me despliego en pasos lentos, sí pasos que encendían: ilusiones, cuentos, besos, miradas, revueltas, cachetes pálidos, rizos color café, abrazos, rebeldía, inocencia, carreras, música, plazas, colectivos y risas.
Fueron segundos congelados cuando aquellos pasos me apostaron frente a ti, sin agua en la garganta y con un apretón en le pecho le dije: “no soporto la distancia”, terminando la oración mi mejilla es azotada por sus cinco dedos tan vigorosamente que sentí mi derrumbe, continuamente al instante remonta su impalpable boca sobre mi oído y murmura:
“no me pidas que no te ame”.

1 comentario:
Me encanto!
Publicar un comentario