Las medallas que logre en aquel estiércol mundo se relamen sobre mi cara desalentada y tranquila. Que los piratas del sur sean los mejores escritores de mi historia, mientras el trueno abre y cierra el bombeo de sangre de mi bolígrafo. No te digo que seas el mal, solo que el mal no exista en el final, que el diablo se congele en el cielo y que los ángeles me demuestren que la muerte es el bien. Dale corpulento cuerpo estúpido, arráncame de este miserable bar, o mejor dicho de este cotillón de peinados y remeritas de corazones. El DNI se ve muy cansado sobre mi bolsillo, las hojas que contiene mi identidad ya empiezan a deshacerse por debilidad, las manchas sin color se abren con imagines de ilegalidades que fueron mi escape más diabólico. Este lugar de caritas felices y saluditos preparados me suena a peculiares síntomas de la sociedad que sueña con ganarse el puesto de la eternidad.
